El Romain Rolland de Stefan Zweig

     Dije en una entrada anterior que seguiría con lo que  Stefan Zweig escribió sobre Romain Rolland en una conferencia en Berlín el 29 d enero de 1926. Dicha conferencia la encuentro en un PDF que yo he podido descargar desde “Obras completas de Stefan Zweig”, pero que también veo que está en un libro de Acantilado: “Stefan Zweig. El legado de Europa”. Además de referirse a su persona, da un repaso a todas sus obras, incluyendo el conjunto de artículos …que componen su obra “Más allá de la contienda”, a la que corresponden varios de los párrafos que siguen.

Esta es la introducción de “El legado de Europa”:

Richard Friedenthal, editor y gran amigo de Stefan Zweig, reunió, en El legado de Europa, aquellos ensayos en que el escritor austríaco rinde homenaje a los artistas que
supieron expresar la esencia de la conciencia común europea. Tras la fragmentación de esa patria compartida que fue Europa, Zweig la reconstruyó en el único mundo que le era posible, el del espíritu. En esta reconstrucción le ayudaron aquellos autores que fueron  sus compañeros de viaje: Montaigne, Chateaubriand, Wassermann, Rilke, Roth… Artistas y amigos que, a modo de herencia, nos lega para inmortalizarlos en el tiempo, para que permanezcan imperecederamente en nuestra conciencia.

     A Romain Rolland, que no lo nombra el editor en la introducción, le dedica Stefan Zweig 58 páginas. He capturado varios pasajes, los más significativos en relación a sus ideas sobre Europa. Los puntos suspensivos indican que queda texto sin capturar.

Esa fue la prestación de Rolland que nosotros consideramos la más heroica: la de mantener y configurar aquella Europa, que durante la guerra no existía ni podía existir legalmente, en aquella interioridad que no se podía alcanzar de un modo legítimo. Ése fue su logro más auténtico. Porque si con cierta ligereza se piensa habitualmente que Rolland fue un pacifista, como se dice para encasillar a una persona en algún ámbito —entendiendo «pacifista» en el sentido de una persona que no quiere que la gente combata, que cómodamente esquiva las complicaciones bélicas cediendo a un quietismo—, tal afirmación es completamente falsa. Si ha existido una naturaleza heroica y combativa, fue la de Romain Rolland…

Pues ¿qué otra cosa son sus libros? ¿Qué otra cosa es su Jean Christophe? ¿De qué se trata? Todos los hombres luchan, desde la primera a la última página

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Ahora bien, ¿qué había en aquellos artículos? (se refiere a su obra “Más allá de la contienda”) …Lo primero que decía era que se situaba en el punto de vista de la individualidad: decía que somos  ciudadanos del Estado, sí, y que al Estado nos debemos, que debemos seguirle en todo lo que nos manda —el Estado puede disponer de nuestra hacienda y de nuestra vida—, pero que en nosotros hay un último reducto… Rolland se negó a odiar, se negó a cultivar un odio colectivo. Consideraba un inalienable deber humano elegir a quién odiar y a quién amar, y no rechazar de repente y de un golpe a una nación o a naciones enteras, en las que tenía amigos muy queridos. Lo segundo fue que Rolland no compartía el dogma de la panacea de la victoria. No creía que bastase la simple victoria para hacer más justa a una nación, para hacerla mejor. Sentía una profunda desconfianza hacia cualquier forma de victoria, porque para él, como dijo una vez, la historia universal no representa más que la prueba siempre renovada de que los vencedores abusan de su poder….

Esto era esencialmente lo que separaba a Rolland de los demás: la desconfianza, ante todo, de que una victoria pudiera hacer definitivamente feliz a una o a otra nación de Europa, porque siempre consideraba Europa como una unidad y aquella guerra como una especie de guerra del Peloponeso, en la que las tribus griegas se combatieron y debilitaron  mutuamente, mientras que Macedonia y Roma ya aguardaban para caer sobre los debilitados y enriquecerse con el botín.

El tiempo ha dado la razón a ese escepticismo acerca de la victoria.

Imagen relacionada

Y para entender mejor el texto completo de “Más allá de la contienda”, se puede consultar esta artículo periodísticode El Cultural de El Mundo titulado “El pacifismo de Romain Rolland”.

Rolland censura los nacionalismos, gérmenes propiciatorios de las guerras, y no pocas de sus palabras al respecto tienen resonancias dignas de ser consideradas hoy mismo. Por ejemplo: “¡Era tan difícil, si no amaros, al menos soportar mutuamente vuestras grandes virtudes y vuestros grandes vicios? ¿Y no habría sido mejor esforzarse por dar una solución pacífica (sinceramente, ¡ni lo habéis intentado!) a las cuestiones que os dividían (las de los pueblos anexionados contra su voluntad), y repartiros equitativamente el trabajo y las riquezas del mundo?”.

 

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Acerca de jauhaltesevilla

Jubilado, intento cultivar mis aficiones: historia, lectura, fotografía y salir de viaje con mi Furgo cuando puedo. Me interesa el presente, pero quiero especialmente entender el Siglo XX, sobre todo esta Europa nuestra.
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