Más sobre “Los heraldos negros” de César Vallejo

Como ya dije en otra entrada, para lograr entender a este poeta, me he informado en la Historia de la Literatura de Martín de Riquer y José Mª Valverde, tomo 4  La Literatura de Hispanoamérica.
En el primer apartado Hasta Los heraldos negros, hace una observación válida va todos sus libros: “sus poemas se nos dividen, casi por sí mismos, en dos categorías diferentes: unos como entregados a un gusto por la expresión misma, explorando lo nunca dicho; otros –los menos en número-, con alguna profunda experiencia, sentimental o luego social que da sentido y contenido a ese alucinado trance verbal, usando sólo como instrumento expresivo la libertad de un lenguaje en perpetua creación”.
Voy a transcribir uno de cada estilo, el primero que podría estar con los de su siguiente y espectacular libro TRILCE y otro más próximo al modernismo decadente del momento:

VERANO
VERANO, YA ME voy. Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.

Verano! y pasarás por mis balcones
con gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegara
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.

Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.

Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
Todo ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.

Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho…

Y este otro, de estilo menos personal y más a la moda modernista incluido en Nostalgias Imperiales, el  II dentro del Terceto autóctono

II
ECHA UNA CANA al aire el indio triste.
Hacia el altar fulgente va el gentío.
El ojo del crepúsculo desiste
de ver quemado vivo el caserío.

La pastora de lana y llanque viste,
con pliegues de candor en su atavío;
y en su humildad de lana heroica y triste,
copo es su blanco corazón bravío.

Entre músicas, fuegos de bengala,
solfea un acordeón! Algún tendero
da su reclame al viento: “Nadie iguala!”

Las chispas al flotar lindas, graciosas,
son trigos de oro audaz que el chacarero
siembra en los cielos y en las nebulosas.

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Acerca de jauhaltesevilla

Jubilado, intento cultivar mis aficiones: historia, lectura, fotografía y salir de viaje con mi Furgo cuando puedo. Me interesa el presente, pero quiero especialmente entender el Siglo XX, sobre todo esta Europa nuestra.
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